miércoles, 19 de noviembre de 2008

El ilusionista

Conocí una vez un mago… que se hacía llamar “El ilusionista”
Ese nombre se debía a que, en esa época, los magos, calentaban los culos de los señores obispos, ya que se consideraban una exquisita madera en muchas zonas de Europa, mejor que el roble o el abedul incluso. Además las malas lenguas decían que el olor desprendido era como de flores silvestres o pino… yo, la verdad, nunca llegué a oler ninguno. Sin embargo, si que pude apreciar el ahumado de brujas, que cierto es, olían a tortitas.

Bueno, continúo con mi historia.

Yo, una vez, conocí un mago, que se hacía llamar “El ilusionista”.

Estaba sentada en la nieve, y no le oí llegar. Me había encontrado un pajarito blanco camuflado en el suelo, ni los zorros se habían percatado de él, pero yo lo ví. Estaba inmóvil, como las figuritas que hacía mi padre con tallas de madera y piedras. Lo cogí y ni se inmutó. Allí, arrodillada, le intenté dar calor, tenia miedo de que se derritiera en mis manos, lo lancé al aire y cayó sobre mi regazo, volví a intentarlo, nada… con lágrimas en los ojos seguí probando que volase, pero siempre volvía a caer, suave, como un gran copo de nieve. A los cinco o seis minutos solo veía el mundo emborronado por el llanto, cada vez lo tiraba más alto. Y, de repente, no volvió a caer, miré al cielo esperando verlo, pero no estaba.
- “No deberías tirarlo tan alto, podría hacerse daño…”- dijo un susurro que parecía provenir del coro de los árboles y el viento.

Me giré sobresaltada, ahí había un hombre, un muchacho, yo apenas tenía seis años pero me enamoré de su magia.
Ese día, vestía con su capa blanca. Sus ojos, cambiaban con el mundo, aquel día eran negros, pero fueron apareciendo, paulatinamente, trazos verdes, hasta transformarse completamente; lo sé porque me quedé prendada de ellos, no dejé de mirarlos desde entonces. Tenía hoyuelos y el pelo color caoba, piel blanca y sonrosados pómulos.
Su puño estaba cerrado, pero sin hacer presión, se lo acercó a la boca y sopló. Entonces se agachó a mi lado y extendió la mano con lentitud, el pajarito estaba ahí, sentado con los ojos muy abiertos, con cara de sorpresa (sí, pueden sorprenderse, lo aprendí aquel día) hinchó sus plumas y salió volando, trinando a los cuatro vientos, rompiendo la calma del mundo.



Mi Ilusionista… solo estaba de paso por esa zona, si no me iba con él en ese instante, jamás lo volvería a ver, no había manera de seguirlo, ni huellas en la nieve, ni vapor de sus labios, ni siquiera ese olor a flores o pino… se movía como una sombra de luz.

3 comentarios:

rha dijo...

¿se fue(te fuistes) con él?....k tierno^___^

sueño de cristal dijo...

en el proximo capitulo se sabrá :P (todavia no lo se xD) Ya veré

Yuki dijo...

etngo ganas de leer el siguiente capitulo :P