miércoles 8 de diciembre de 2010
domingo 7 de noviembre de 2010
Gracias a la rebelión de algo en su cabeza o bien de sus miopes ojos... o tal vez, debido a una relación complicada entre uno y otros... Damián veia la vida de colores muy distintos a los del resto de seres vivos y eso, aunque él no lo sabía, ayudaba a que siempre estuviese de buen humor.
Esos extraños y distorsionados colores que en realidad no existian o sí, pero no donde los veía, provocaban que aflorara una sonrisa permanente y musculosa de tanto estar.
Tanta belleza atosiga al corazón del paciente que de tanto hincharse y sobrecogerse se para repentinamente a temprana edad.
(cuento)
miércoles 31 de marzo de 2010
lunes 22 de febrero de 2010
Ajenos al movimiento del sol (de las nubes no, ellas adoptan formas) los niños juegan en la tierra y en el suelo de piedra.Palmas, golpes, sudor y raspones.
Besos, sonrojos, gritos y canciones.
Corren escapando de los polis, los gatos, las arañas e incluso de las gallinitas ciegas.
Vuelan cometas, empujan aros, giran diávolos, peonzas y yoyós y hacen carreras con los mejores ciclistas de españa: las chapas.
Se convierten en estatuas al "Carabinbonban!" o al "stop".
Se pegan por un pañuelo o una pelota.
Castañas, piedras globos o nieve, todo vale para la guerra.
Veo, veo ¿Pares o nones? mejor piedra, papel y tijera, si no "el último se la qué".
La botella, las prendas y las tinieblas.
-¿Abuelita, abuelita, te gustan los juegos?
-Mmm... cuatro paso de elefantes y dos vueltas de bailarina hacia delante.
Picuento!
Bomba!
domingo 27 de septiembre de 2009
Manzanos
El cadáver nunca fue encontrado, se lo comieron los lobos, en realidad fue la gonorrea, sin embargo, Nía no lo sabe… mejor así.
Viuda fue y en heredera se convirtió: deudas, unos manzanos y una piedra.
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Laún, adicta a las manzanas, compró una biblia y gracias al demonio aprendió a leer.
Memorizola y al cura fue:
-“Siete criaturas son, cuatro niñitos y tres pequeñas.”-susurraba ella a su oído- “Y yo, solo pido los manzanos.”
Sofocose el cura de hambre y se relamió gustoso.
-“Nía”-cortó el inquisidor-“has sido acusada de brujería, de maldecir, de pactar con el diablo, de negar a Dios todo poderoso, de no acudir a los oficios, de pesar menos que una oca, de hablar con gatos negros, de no transmitir tus conocimientos cristianos a tus hijos…
Nía no escuchaba… ¿para qué?
-… mañana serás quemada en la plaza.”-sentenció al fin.
Yo miraba a la mujer atada fuertemente al palo.
Estaba inconsciente.
Era invierno y no llevaba casi ropa, debía estar congelada, como aquel pajarillo blanco.
-“A menudo pueblo hemos ido a parar ¿eh?”- comentó el ilusionista.
Le observé, tenía una rara expresión en el rostro que me inquietaba y al mismo tiempo me emocionaba.
-“Quieta aquí”-me ordenó y entre pestañeo y pestañeo el ilusionista había desaparecido de mi lado.
El tiempo se detuvo, los copos dejaron de caer, querían ver que sucedía antes de morir en el frío suelo.
El ilusionista, como cuando nos conocimos, se acercó al pájaro de hielo y murmuró dulces palabras para traerla a la vida.
La mujer abrió los ojos de par en par, la plaza estaba vacía, los únicos espectadores: el ilusionista y yo.
El viento removió los copos para hacer correr el tiempo nuevamente.
Las velas prendieron en cada hogar, quemando al cura que al más pequeño de los niños acababa de desnudar.
Llegaron lobos de siniestras sonrisas, que murmuraban cuentos de niñitas perdidas.
En cuanto a la mansión del inquisidor, cayó repentinamente y se cubrió de enredaderas que la borraron del mapa.
La mujer comenzó a reír escandalosamente y congelo la sangre de Laún, que murió de terror, o de asfixia por un trozo de manzana, (está sin concretar, los médicos actuales solo entienden de sangrías.)
El pueblo dormía, los lobos aullaban, el cura ardía cual cerdo y entonces la mujer dejó de reír y comenzó a llorar.
El ilusionista la desató, cayendo ésta de rodillas sobre la fría leña.
-“Escúchame bien… ahora eres una bruja de verdad”-le dijo él.-“Nunca más serás acusada, así que, recupera a tus hijos y usa bien lo que te he dado”
Aterrorizada y entusiasmada vi como los lobos se arrodillaban dejándole pasar hasta mí.
-“Vámonos”-me dijo poniéndose su capa- “Ya hemos montado un buen espectáculo”- y rió por lo bajo.
viernes 19 de junio de 2009
Habrá que coser
Había sido atacada por un propietario despreocupado.
¡Y en estas condiciones la devolvía el ingrato!.
La verdad, no mostraba muy buen aspecto...
Se miraron entre si preguntandose que podrían hacer para arreglarla.
-Trae aguja e hilo... del resistente...
El mayor de los sastres se introdujo en la trastienda mientras el más joven, pero viejo aun así, envolvia entre sus brazos al titere sin cables.
-A ver que podemos hacerte-susurró.
En una bandeja de plata, el viejo más viejo, entregó a su compañero: Una aguja, un largo hilo rojo y unas gafas de sastre.
Y con manos templorosas y firmes a la vez, se pusieron manos a la obra.







