domingo, 22 de marzo de 2009

Caminando por el pueblo

El anciano sintió, como otras tardes, un temblor, que comenzando en los dedos de los pies terminó en la punta de un blanco pelo atusado por el sol.
Por si alguien le mirase, actuó como si nada, aferró su bastón y continuó caminando despacito, sin mirar atrás, sin silbar a ese perro ya perdido hace tiempo, intentando no hacer caso a lo que se avecinaba rápidamente.
Pero, como siempre, sin poder evitarlo, se detuvo y suspiró mientras alzaba la mirada.
Vió pasar vida ante sus ojos. Era de un tamaño desmesurado, tantas personas... y el ruido, el ruido hizó temblar su riñon derecho, que no el izquierdo.
"Que rapidez..."-pensó.
"Viejo... te queda poco tiempo"
- se dijo a si mismo con el ceño fruncido mirando al horizonte.
Sin embargo, a diferencia de otras tardes, esta vez, una sonrisa asomó entre las arrugas.
Definitivamente, aunque era viejo, aun no era demasiado tarde para coger un tren, daba igual a donde se dirigiera, esa misma tarde, cogeria su primer tren y haría las paces con la modernidad... o por lo menos, una pequeña tregua.

1 comentario:

Yuki dijo...

bendito tren, y bendita vejez