domingo, 21 de diciembre de 2008

Aire

Debajo del agua todo parece como un sueño.
La luz que se cuela en forma de rayos para apuñalar la atmósfera envolvente, creando sombras que bailan y no son de nada ni de nadie.
El tiempo no sabe nadar y no alcanza a tanta profundidad, solo a veces, cuando cansado de que consiga esquivarle, decide lanzarse de cabeza, y entonces, roza con sus dedos mis cabellos para pintar una cana más, pero sube con rapidez alterando las aguas, no vaya a ahogarse y los relojes mueran de hambre.
Sigo en el fondo, mirando lo que se que está ahí, pero no veo, el agua de mi alrededor. Es como observar el viento, a menos que estén impregnados de suspiros o lágrimas no puedes verlos.
Las formas: grandes ahora, pequeñas después.
La calma de los movimientos, pues el oxigeno y el hidrogeno bajan al mar, a las lagunas… a descansar de tanto viaje, no hay que perturbar su descanso, hasta que decidan subir a la superficie.
El balanceo, las ondulaciones, la magia de las pompas que escapan más veloces que los peces.
Las rocas que caen del otro mundo para morir en el oscuro fondo, sobre el colchón y el coche.
Descubrir que es arriba y que abajo, para ver como la nuevas gotas de lluvia mancillan la superficie y agrandar el volumen.
El hielo que separa un mundo de otro
Las hojas que bailan sacudidas por el viento…


Pero… cuando salgo, descubro que el tiempo que tanto evité, ha seguido con su labor.
Los árboles están calvos, la hierba no está, las nubes siguen, pero han cambiado.
Hace frío, he tenido frío todo este tiempo, y nunca lo supe. Ahora lo veo, porque este mundo es más cálido.
El sol por fin quema estos ojos arropados por el agua.
Mi piel está arrugada y el pelo se pega a mi cara.
Hay demasiado ruido, escucho susurros por todos lados.
Oigo, sobretodo, mi respiración, ya no me acordaba de que necesitaba respirar.
Cada bocanada me sorprende y me agrada, no sabía cuanto lo necesitaba.
El roce del aire que pasa por mi garganta, la caricia del sol contra mi piel, el viento hablándome al oído, cada detalle puedo verlo, cada cambio.


Estoy entre dos mundos, arriba o abajo… es decisión mía.

1 comentario:

rha dijo...

Cualquiera de las dos decisiones tiene sus incovenientes, el frio a cambio de no ver pasar el tiempo, el calor a cambio de ver envejecer...
ya sabes que yo soy de las que prefiere el frio(sobre todo en forma de agua) pero tu...no eres como yo ^^